Ver trabajar a Toyota es como mirar una tormenta en ciernes. Al principio, no sabes hacia dónde se dirige, qué hará después, ni cuán grande será. Luego, en lo que parece un momento aunque en realidad es un lapso bastante prolongado, la tormenta agrupa sus nubes, se instala sobre un área y descarga lluvia o nieve sobre las cabezas de los habitantes de esa desafortunada región. Bueno, eso se parece bastante a lo que sienten algunas automotrices al contemplar el progreso implacable de Toyota a lo largo de estos últimos diez años. Y últimamente, ya se trate de la marca Scion, o de los avances en tecnología híbrida o de la división Lexus, los resultados han sido lo que Toyota esperaba... y lo que la competencia temía.
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