Al escuchar la bocina y ver el puño en alto del otro conductor, la mujer se preguntó qué pudo haber hecho para que se enfurezca de ese modo. ¿Cerrarle el paso? ¿Circular muy despacio? Quizás el color de la minivan fuera demasiado agresivo. No importa el motivo, ese hombre quería hacerle saber de manera inequívoca que había cometido una falta terrible. Los raptos de furia al volante, aunque nos pasan a todos, son difíciles de entender. Es más, hasta puedes ser víctima (o victimario) de la violencia al volante sin siquiera saberlo y hecho toda una bola de nervios.
|