Cuando a principios de los noventa los coches deportivos salieron de nuevo al ruedo, el Mazda Miata estaba en primera fila. Esta marca, más que cualquier otra, fue la responsable de atraer a toda una nueva generación de conductores hacia las pequeñas delicias del roadster biplaza. En la década de los noventa, los autos deportivos abrieron un nuevo nicho en el mundo del motor. En segunda fila, al precio de alrededor de treinta mil dólares, los coches superdeportivos también se ubicaron como una apuesta firme en el mercado. Si bien la oferta de biplazas potentes siempre existió (pensemos sino en el Allard, el Cobra o el Tiger, por nombrar sólo algunos), nunca antes se había visto una producción tan generosa en el segmento de los roadsters. Pero remando contra la corriente, Mazda había resistido la tentación de incorporar mayor potencia y se limitó a fabricar miles de coches deportivos utilizando la fórmula tradicional. Cada año, llenaban los salones de exhibición con elegantes ediciones especiales, apuntando más al estilo que a la función. Pero ahora se han sumado al combate, lanzando un modelo de otro planeta con más potencia y a precio de ocasión: el Miata Mazdaspeed 2004. Todos conocemos ya al Miata básico: una actualización bien pensada y equilibrada del diseño clásico de un auto deportivo. A través de su división Mazdaspeed, Mazda introdujo algunos cambios en el equipamiento estándar e incorporó una serie de mejoras selectas. Primero y principal, el motor 1.8 de cuatro cilindros cuenta con un turbocargador que le permite alcanzar los 178 caballos de potencia a 6000 revoluciones, y un par motor de 166 libras/pie (225 Nm) a 4500 vueltas. Estas cifras implican un incremento del 25% y del 33% en relación con los Miata estándar. Para no desentonar, reforzaron el embrague, la placa de presión, el cardán, el diferencial y la caja de seis velocidades.
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